Que Yahvé te bendiga y te guarde. Que haga resplandecer su rostro sobre ti y te otorgue su gracia. Que vuelva a ti su rostro y te de la paz.
La bendición en sí misma consiste en tres invocaciones paralelas entre sí. Cada una de ellas está formada por dos expresiones subjuntivas, es decir frases que expresan un deseo. Las tres invocaciones tienen como sujeto único el nombre de Yahvé.
Estos primeros detalles nos dicen dos cosas muy importantes: 1. Yahvéh es quien bendice, Él es el sujeto único de la acción de bendecir, por eso es el sujeto único de las tres expresiones. Es de Dios de quien viene todo bien, el sacerdote es simplemente un mediador. Esto queda claro en el versículo 27 donde Yahvé mismo dice “así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré”. 2. la bendición es un deseo expresado por el sacerdote, en este caso se expresan tres deseos con tres frases. El sacerdote no es quien bendice, él simplemente es quien invoca y pide la bendición de parte de alguien más.
La primera frase –Que Yahvé te bendiga y te guarde– expresa el deseo de que se realice una doble realidad en el oyente: bendecir y guardar. La palabra bendecir (en hebreo bakar) hace referencia, en la Biblia del Antiguo Testamento, a recibir todo tipo de dones buenos de parte de Dios, dones que pueden ser materiales o espirituales. Por su parte, la palabra guardar (en hebreo shamar) se refiere a la protección y ayuda de parte de Dios, como quien vigila y defiende. De este modo, podemos decir que se complementan estas dos realidades; primeramente, se desea que se reciban de Dios todo tipo de bienes y después, que sea el mismo Dios quien ayude a conservar esos bienes recibidos.
La segunda frase –Que haga resplandecer su rostro sobre ti y te otorgue su gracia– expresa también un doble deseo: hacer resplandecer y otorgar.
El primer deseo: hacer resplandecer el rostro sobre alguien, es una expresión poética muy propia del estilo semítico del pueblo de la Biblia; de hecho aparece en varios Salmos (31,16; 66,2; 80,4,8). El significado de esta metáfora tiene un sinónimo en las frases: “volver el rostro hacia alguien”, “voltear a mirar a alguien”. Pero en este caso tiene una carga mucho más rica y bella, porque el texto dice “haga resplandecer su rostro”; es decir, que Dios te muestre su cara resplandeciente, llena de gloria, hermosa, luminosa, gozosa; no una cara ordinaria, y mucho menos sombría, oscura o disgustada. Que Dios te mire con benevolencia y favor.
El segundo deseo: te otorgue su gracia, tiene también a Dios por sujeto. En este lugar, en el texto hebreo aparece el concepto hen, que nosotros traducimos con la palabra gracia. Este concepto tiene varios significados: favor, amistad, misericordia, estima, complacencia. Por tanto se trata del deseo de contar con el favor divino, de ser agradables a sus ojos.
La tercera frase –Que vuelva a ti su rostro y te de la paz– repite nuevamente la idea de la frase primera en cuanto a que Dios dirija su mirada sobre quien es bendecido, el sentido opuesto de esta frase lo encontramos en los Salmos cuando se dice de Dios: “escondiste tu rostro, Yahvé, y fui conturbado” (Sal 30,8; 44,25). Pero en esta ocasión se introduce un nuevo deseo: el don de la paz. El concepto shalom es traducido correctamente en español por la palabra paz; pero no siempre es totalmente comprendido con toda la riqueza de sentido que tiene. Primeramente, hemos de decir que bíblicamente paz no es sólo la ausencia de guerra; tampoco la quietud o silencio interior o exterior.
La palabra Shalom-paz hace referencia fundamentalmente a la idea de totalidad, pero de una totalidad positiva y buena; por tanto se puede hablar, muy franciscanamente, de: “todo bien, sumo bien, bien total”. Más aún, el concepto Shalom-paz “no es excluyente”, se refiere a la totalidad de las realidades espirituales y santas venidas de Dios, pero también a todas las realidades que podrían parecer “mundanas” o materiales. De este modo cuando se da el saludo de la paz a alguien es una manera de desearle todo bien material y espiritual. Abundancia en la dimensión espiritual invisible y abundancia en cosas materiales, e incluso en cuanto a los años de vida o al número de hijos, todo visto como una dadiva divina.
En la bendición sacerdotal del libro de los Números se expresan principalmente tres deseos: la protección de Dios, la amistad o favor de Dios y todo bien de parte de Dios. Se descubre una progresión en esos tres deseos, primero se piensa sólo en la protección, luego se habla de la amistad, y finalmente se anhela toda la plenitud de Dios.
Fr. Maximino Rangel OFM
Tomado de: http://stanthonysseminary.org/2010/la-bendicion-sacerdotal-del-libro-de-los-numeros/

No hay comentarios:
Publicar un comentario